True Story: El mejor consejo de mi vida

De verdad, os voy a contar cómo he aprendido una de las lecciones más importantes de mi vida, la cual me ha guiado en un sinfín de ocasiones.

Os pongo en contexto, por que las cosas importantes hay que explicarlas bien para que se entiendan.

Hace aproximadamente 8 años, tuve un contacto tangencial con la industria cinematográfica. Así es, una de mis primeras experiencias profesionales, fue de meritorio de dirección en la película Heroína de Gerardo Herrero. Para quien no esté familiarizado con el puesto de trabajo, se trata del chico de los recados. Básicamente puedo resumir mis funciones en: conseguir cafés con hielo (café caliente con hielo frío¡¡¡), correr, cortar calles y acompañar actores. Parece sencillo, pero no lo es, y menos cuando lo haces durante 4 meses seguidos, 16 horas al día.

El rodaje fue una experiencia increíble. Tener que tratar en el mismo día con decenas de “ex-toxicómanos” (alguno de los cuales vivió sus últimos días con nosotros), y actores reconocidos como Adriana Ozores, Javier Pereira, Carlos Blanco y todo un elenco de actores gallegos, pone a prueba la capacidad de adaptación de cualquiera. Cada día era una aventura, y como buen novato, mis ganas de aprender me llevaban a vivir todo muy intensamente.

De hecho, comer en la misma mesa que el cámara, y el director de fotografía, eran excepciones maravillosas, y ver como tu jefe te invita  porque sabe que no te están pagando, te hace sentirte agradecido. Hoy por hoy me parecería insultante, pero que queréis que os diga, hasta aquel momento llevaba toda mi vida siendo invitado por mis padres (aun hoy siguen invitando ellos… ), y cualquier adulto ejercía en aquel contexto ciertas funciones paternalistas y protectoras con los jóvenes a su cargo.

Pero claro, el contexto era de todo menos convencional, en un par de ocasiones me he visto, cenando en chandal (tras todo un día corriendo por ahí) con los jefazos, en algunas de las marisquerías más reconocidas de Vigo y La Coruña. Sí, la gente nos miraba, pero al final comíamos más que ellos. La parte buena, es que me preocupaba menos por las salpicaduras de percebes del vecino.

La última de esas cenas, fue el preludio de la lección más importante de mi vida.

Tras una cena, que presumiblemente sería informal, y a la que finalmente se presentaron los VIP del rodaje, el Director, la pareja de Productores (quien los conocen, les resultará familiar la especie de gorro de vaquero que viste el hombre), etc… Sinceramente, me sentí muy pequeño, y sumamente vulnerable en aquella situación. Os cuento porque. Para un trabajador de mundo del cine un rodaje es trabajo dinero para hoy, y la posibilidad de encontrar trabajo para mañana. De ahí que especialmente, hacia el final del rodaje, se dé un fenómeno masivo de cortejo entre todas las partes implicadas, tratando de buscarse un hueco en la siguiente producción. He visto niveles de “peloteo” sin precedentes. Siempre he sido muy orgulloso, y siempre he puesto mi capacidad de hacer un trabajo por encima de todo lo demás… ¿os he dicho que esa fue la última película en la que he participado?

Cansados de tanta tensión, por la proximidad de dichas figuras, tras la cena, el equipo de ayudantes de dirección, nos decidimos a tomar alguna copa por la ciudad herculina. Aquí empezó mi viaje hacia la sabiduría más profunda que nunca he obtenido.

Eramos tres chicos muy jóvenes  y un hombre de mediana edad, en concreto el cámara, de poco más de 30 años, pero con una gran experiencia en el mundillo, ya que su padre es un reconocido Director de fotografía, y a él tampoco le faltaba experiencia en numerosos rodajes. Pues bien, sin saber cómo este hombre se convirtió en mi mentor, casi sin querer.

En primer lugar, se ganó mi admiración con la primera lección práctica que he recibido en el mundo de la noche: “hay que ser un caballero”. Tengo que reconocer que en un primer momento me molestó. Me había espetado delante de una camarera que nos estaba invitando a una copa esa frase que me dejaba por el suelo, mientras sacaba un billete y cambiaba las tornas,, era él quien invitaba a la camarera. Bien, este tío tiene clase.. y yo bebida gratis que era lo que desde el principio quería como buen becario.

La segunda lección, que me dio, fue la de retirarse a tiempo (aunque sólo los que nos quedamos sabemos lo que se perdió).

Nosotros, jóvenes incautos, seguimos la noche hasta donde nos quiso llevar…básicamente a uno de los días más laaaargos de mi vida. Así llegó el último día de rodaje, 48 horas sin dormir más que una cabezadita, y un reparado baño de 1 hora en el hotel antes de salir disparado hacia el set de rodaje. La adrenalina de llegar tarde al último día de rodaje, fue lo me mantuvo despierto, hasta aproximadamente las 3 de la tarde cuando puede parar 30 minutos a dormir en una esquina del set… Quizás sea importante explicar, que el set de rodaje, era una antigua cárcel de mujeres, por el que los reclusos andaban sueltos a sus anchas. Lo describiría como una especie de palomar gigante, de dos plantas, con los pasamanos llenos de heces de palomas y gaviotas, que revoloteaban por el interior de la instalación, amenazantes sobre nuestras cabezas.

El día fue tenso, por muchos motivos. El primero, porque estábamos en una carcel con gente que había echo méritos para estar dentro, y pedirles silencio para rodar era una negociación con pocos recursos. ¿Qué vas a hacer ante un “no me puedes hacer callar, yo ya estoy en la cárcel”?. Tenso también poque teníamos que cubrir la ausencia de uno de nosotros, que simplemente había desaparecido la noche anterior, al que recuperamos a mitad del día de rodaje. Tenso también porque tocaba rodar un desnudo de la actriz principal. Vale un desnudo no es importante, pero tener que pasear a una mujer tapada con una bata y sin nada más, por media cárcel, con unos cuantos hombres que hacía tiempo que no veían una mujer desnuda, no es la situación más cómoda, ni siquiera con los esfuerzos de la jefa de maquillaje, que se desnudó para acompañar a la actriz en el trance y ayudarla a sentirse más cómoda …

Pues tras rodar este último plano, finalizó el rodaje, y empezaron las despedidas. Los más veteranos, con lágrimas en los ojos, acortaron el momento yendose rápido. Los demás ansiosos por no dejar a nadie sin saludar,, ni agradecer el tiempo juntos nos embarcamos en un mar de besos, abrazos y saludos. Mientras esperaba a la actriz para acompañarla de nuevo a maquillaje, se acercó a mi el Cámara, sí, el mismo que me enseñó un par de cosas la noche anterior, y me dio el consejo que ha inspirado este post, y que quiero compartir con vosotros.

Me vio a los ojos, abrió su corazón y  me dijo “Iago (sabía mi nombre), te voy a dar un consejo muy importante… (impasse)…no lo olvides nunca”.

Mierda, me había perdido el consejo más importante de mi vida. Me lo dijo de tal forma, que no me atrevía a volver a preguntárselo, porque ese tipo de cosas sólo se dicen una vez, y yo me la había perdido. Mierda, mierda y más mierda, ese personaje, que se había ganado mi atención esa misma noche, me había dado, con toda la generosidad del mundo, un consejo que resolvería mi vida, y yo embriagado por la emoción del último día de rodaje, estaba más pendiente de ir a despedirme del siguiente que de atenderle a él… o así era hasta que escuché el final de su consejo “…no lo olvides nunca”.

Antes de odiarme, por hacer que os leyeseis las 1282 palabras anteriores, dejadme apuntar la conclusión de esta historia, quizás no os parezca una perdida de tiempo la inverisón que acabais de hacer.

Ese consejo ha sido la fuente de muchas decisiones importantes en mi vida, a pesar de que no lo recuerdo completo, no es una cuestión de memoria, simplemente no le llegué a escuchar. Lo importante de todo consejo, es lo que aprendes de él, y yo de este he aprendido:

  • Cuando alguien te habla desde el afecto, no lo olvidas nunca
  • Cuando alguien se gana tu confianza con pequeñas acciones, no lo olvidas nunca
  • Cuando alguien te intenta abrir una puerta, no lo olvidas nunca
  • Cuando te ves obligado a pensar por tí mismo, poque no te dan las cosas hechas, no lo olvidas nunca.

De corazón, muchas gracias por este consejo, efectivamente, cómo me lo has pedido “no lo he olvidado nunca”.

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