Salvemos las causas

 

Estamos llegando a la muerte térmica de este fenómeno de “masas”.

Muchos os acordaréis de la aplicación “Causes” de Facebook, incluso habrá quien la siga utilizando o quien todavía no ha bloqueado los mensajes procedente de esta.

Pues bien, Causes, es realmente un caso curioso, una de las primeras aplicaciones capaces de organizar microcomunidades dentro de una universo de gente como Facebook. Recuerdo una época en la que era tan habitual o más, recibir una invitación a Causes como recibir una invitación a Eventos.

“When [Facebook’s] platform launched in 2007, we made a bet that for Causes to get above the sheep-throwing and zombie-killing noise, we needed to look like an app that was made by Facebook, as natural to use as their Photos or Events apps,” product vice president Chris Chan tells me. ”This was the right call then.” vía TechCrunch

Actualmente causes reconoce tener más de 153 Millones de usuarios, que han generado 1 billón (americano supongo) de acciones en 142 países. Si las matemáticas no me fallan, la broma sale a 6,5 causas por usuario de media.

Si hacemos una pequeña regla de 3 (perdonadme la falta de rigor matemático y sociológico), solo esta plataforma concentra a más de un 10% de cuentas de Facebook. Además son cuentas relativamente activas, con lo que su peso sobre el total de la comunidad seguramente sea mayor todavía. Seguramente ese 10% integra ya a la mayor parte de personas dispuestas a participar en alguna causa,  he aquí la paradoja, “la mayor parte de personas dispuestas a participar en tu causa tienen sus propias causas (6, 5 de media hemos dicho)”. Está claro que la saturación es inevitable.

A todo esto hay que sumar, otras muchas plataformas de foundraising igual de sofisticadas como el Causes original  , y otras muchas “plataformas” tan simple como páginas de Facebook con títulos reivindicativos más o menos genéricos “Contra la injusticia“,”Animales sin hogar“… Resultado, inevitable, más saturación todavía.

No podemos negar el éxito de muchas iniciativas, se mueve mucho dinero en estos entornos aunque sin duda con grandes diferencias regionales (efectivamente los estadounidenses se deben sentir muy culpables).

Una primera vía para solucinar la falta de motivación es ofrecer algo a cambio, y esa fórmula está dando grandes resultados en plataformas de croudfounding como Verkami (no todo va a ser salvar ballenas y niños en África).

Una segunda vía para que las Causas funcionen, es que estas emerjan áreas de interés no vinculadas a la persecución permanente de causas. Deben ser causas procedentes de territorios vírgenes o poco saturados, que durante algún tiempo nos han ofrecido algo a cambio de nada y hoy nos piden ayuda. Casos ejemplares podrían ser las recientes acciones de apoyo a Pablo Herreros (por el caso “La Noria”) y el todavía más mediatico caso de apoyo a Jordi Évole (por el caso Eléctricas). El problema de estas causas es que tienen un componente espontáneo importante, y eso las hace inmanejables en la práctica, no quiero decir que no se consigan cosas, lo que pasa es que a veces se consiguen cosas diferentes a las buscadas.

Esto dos últimos casos son ejemplos del lado oscuro de las cuasas, que en cierto sentido mueren de éxito. Por ejemplo el caso Pablo Herreros se ha convertido en una nueva y épica Batalla de David contra Goliat, y al igual que sucede con el relato bíblico, los motivos de la diputa han pasado a un segundo plano. Si la estrategia de Mediaset tenía como objetivo liberar a los anunciantes de ser el centro de la disputa, lo ha conseguido sin duda.

Por su parte el caso de Jordi Évole es el de la teatralización de las causas, o dicho de otra manera, las causas se convierten en espectáculo, y el espectáculo deriba a su ves en espectáculo por espectáculo hasta el siguiente episodio. No, nos engañemos, por my justa que sea la denuncia de este showman, su foco no es resolver una situación sino generar audiencia de cara al próximo programa. No, me mal interpetéis, valoro mucho la función social de su trabajo, pero la realidad que aquí se manifiesta es la siguiente: ¿quién recoge el guante y convierte la causa en un movimiento, en un cambio real?

No tengo una solución. Como otras muchas veces lo fácil es señalar lo que seguro que no va a cambiar las cosas. Por ejemplo, redifundir noticias de causas dramáticas y urgentes o colaborar con ellas a través de “likes” o “rt” tiene un valor muy limitado y hasta cierto punto tan ingenuo como cantar a corazón partido “We are the world”.

Me voy a atrever a dar una posible solución. No tienes porque hacerme caso, pero si realmente quieres salvar las causas INVOLÚCRATE tu mismo. No hay nada que convenzca más que ver que sirve de algo el esfuerzo que te es exigido. Para cambiar el mundo tendrás que demostrarle el mundo que se puede.

Al resto, los más pasivos, nos toca, al menos, sentirnos responsables con las consecuencias de las acciones que apoyamos. Para empezar olvidémonos de las grandes causas defendidas por millonarios que piden dinero, no volvamos a cometer errores como Live 8. Tan ingenuo como pensar que un Like puede curar el cáncer de una niña en que sólo has visto en fotos en el Facebook, es confiar que el dinero es la solución definitiva a conflictos  étnicos, sociales, de salud…

 

 

 

 

 

 

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