Principio de Incertidumbre de Heisenberg (1927)

El principio de incertidumbre borró la frontera entre el observador y lo observado, el principio de objetividad de la ciencia.

Este principio, que ejerció una gran influencia no sólo en la física sino también en la filosofía del siglo XX, plantea que ningún objeto o fenómeno puede tener valores perfectamente definidos para todos sus atributos y que mientras más exactamente conocemos uno de ellos, menos exactamente conoceremos a los otros: en este mundo nada es real, nada es determinístico todo es probabilidad. Además introduce al observador en el proceso de medida, es decir dependiendo de las condiciones de medición impuestas por el observado los resultados del experimento variarán.

La medición cambia la realidad

La realidad objetiva – dice Heisenberg – se ha evaporado y lo que nosotros observamos no es la naturaleza en sí sino la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación. Con otras palabras, se podría decir: “Dime cómo es tu aparato para captar la realidad y te diré qué esquema de la realidad podrás formarte”. Esto significa que la realidad que podemos observar está condicionada a las características del observador: es probable que para captar la realidad que captamos tengamos que ser como somos.

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